Crítica: Desnudando a los clásicos

CRÍTICA: DESNUDANDO A LOS CLÁSICOS

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“Desnudando a los clásicos” es una obra de teatro tremendamente difícil de definir.

Comenzaré por decir que este no es un teatro convencional, aquí se parte de la verdad más absoluta y esa verdad se transmite, se inspira, se siente y se intercambia entre actores y público, incluso entre todo el público.

También es una obra que enseña y demuestra pero sin ninguna intención de sentar cátedra o de imponer una enseñanza. Aquí se muestran varios textos clásicos totalmente renovados, mostrando el lado más crudo y también el más bonito, con momentos duros para la vista y otros que se agradecen, una obra densa y compleja en su sencillez que invita al espectador a dejar de lado los prejuicios, a abrir su mente y a atreverse en esta provocativa y vanguardista obra. La reflexión es inevitable y te acompaña a la salida y durante días después hasta que puedas digerir en tu mente y corazón todo lo contemplado.

En un espacio íntimo y cercano, que asusta a la vez que aumenta la sensibilidad y los sentidos de todos los que se congregan en la Nave 73, haciendo que se intercambien miradas que delatan y que desnudan, que vulnerabilizan y hacen que se intercambien los corazones. Destacamos los momentos en los que hemos tenido más cerca a los actores y hemos podido comprobar las miradas y todos los movimientos con más detalles haciendo que te introduzcas más en la historia, también hay que resaltar que es como una montaña rusa que va cambiando de estado y que de pronto de la máxima seriedad te sorprenden con alguno de sus “juegos” para devolverte a lo más puro de la obra, algo que puede descolocar en ocasiones, y también los tiempos de algunas escenas vuelan y otros pueden resultar más largos, pero ninguno deja indiferente.

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Una desnudez que pasa a un segundo plano y que ayuda a integrarte en la obra desde el primer minuto, una obra difícil de definir como dijimos pero también que no tiene un final establecido, puesto que el acto íntimo termina cuando debe terminar, teniendo un final bastante llamativo y que deja la guinda definitiva, pero que tendréis que comprobar vosotros mismos en el teatro.

El lenguaje íntimo es absolutamente recomendable, también diríamos que esta función es totalmente distinta y original a lo que hemos visto anteriormente en todos los formatos. También hay que destacar la dramaturgia del texto y su eficacia.

Santi Senso también es distinto, es como todos deberíamos de ser y desde el primer momento se hace querer y conecta muy bien con el público, sacando más de una sonrisa y creando un clima de complicidad. Un final que hace que se muestre totalmente distinto a la personalidad y la fuerte presencia que vemos durante la representación. Vicente Navarro se complementa a la perfección con Senso, da vida a la parte femenina de cada historia y sorprende con sus registros. Cary Rosa Varona es la única presencia femenina de la obra y armoniza cada momento con su chelo y acompaña con su desnudez a los protagonistas.

Dejad corred vuestro miedo, comprobad la ruptura de la cuarta pared y si os atrevéis… visitad la Nave 73 cada viernes a las 22:00 horas.

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Esther Esteban, Madrid

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